La Terapia Craneosacral es una terapia aplicable a pacientes que presenten una alteración de la neurofisiología tisular independientemente del origen salvo causa irreversible. El objetivo será restituir una correcta dinámica de fluídos, tráfico nervioso y sanguíneo. Las limitaciones o contraindicaciones del tratamiento se reducen a lesiones como hemorragias intracraneales agudas, aneurismas intracraneales, fracturas recientes de cráneo o lesiones en las que no debamos modificar la dinámica de LCR.
El segmento facilitado se considera y se trata desde la Terapia Craneosacral mediante la palpación sutil del Movimiento Respiratorio Primario en la altura vertebral o corporal correspondiente. En las manos experimentadas percibiremos el bloqueo/candado bajo nuestras manos. No prejuzguemos, permitamos que el cuerpo nos enseñe su verdad, es la que vale. Recuerdo una cita que decía que ni el paciente sabe, ni el terapeuta sabe, sólo los tejidos saben. Debemos tenerla presente y ser humildes.
Como en muchos casos, estos test, nos ayudarán a tratar. La corrección se percibe como un ablandamiento de los tejidos junto a los otros indicadores de corrección y liberación tisular.
Se trata de un gesto afinado con el que sentiremos las restricciones de movimiento y dinámica de fluidos.
Imaginemos cómo tras un impacto, una caída, una torsión fuera de los rangos articulares normales de un miembro, nuestro cuerpo muestra la capacidad de amortiguar esa entrada de energía que acompaña a un trauma.
Esta capacidad varía en función de múltiples factores, la intensidad será uno de ellos, la repetición será otro y el estado de calma o estrés de nuestro sistema nervioso será un factor más a tener en cuenta.
La intensidad y la repetición del gesto traumático marcará el nivel de daño tisular, distensión, rotura, fractura, etc.
En función del daño se aplica el tratamiento más conveniente. Un esguince será resuelto, en gran medida, por nuestro cuerpo; en un caso de fractura, puede llegar a ser necesario llegar a quirófano.
Para esta regeneración de tejido, el estado químico es importante, ya que la velocidad de recuperación depende en gran medida de él. También el movimiento será crucial desde el primer momento.
En cuanto al nivel de estrés en el momento del trauma, influirá en que la vuelta a la normalidad sea exitosa o un fracaso en toda regla.
Pongamos un ejemplo; caída sobre el cóccix bajando las escaleras. Bajo tranquilo desde mi casa a la calle y viendo a la chica de la limpieza, resbalo en una escalera y me caigo de culo. Hasta ahí
todo dentro de lo normal, la gravedad ha hecho de las suyas y tras unos días de sentarme con cuidado, poco a poco olvidaremos el desagradable episodio. Mi cuerpo será capaz de amortiguar y disipar la fuerza de entrada del trauma por mi región coccígea.
Volvamos a salir de casa, esta vez con prisa pues mi coche está mal aparcado…, llego tarde a comer…,no he visto a nadie fregando…, el coche abierto…sigo sin encontrar mi móvil….llego tarde… Ayer discutí con mi pareja y… ¿Quién recoge a los niños al salir del colegio¿
Vuelvo a caerme pero…aunque el trauma sea el mismo, la situación de mi cóccix no¡
En ambas situaciones las radiografías, resonancias no arrojan datos fuera de la normalidad, en resumen, que no hay “nada roto”… No dicen lo mismo las metámeras a nivel lumbosacro, seguro. Por supuesto que me dolerá unos días, pero no nos extrañemos si tras los dolores de los primeros días correspondientes a la obligatoria -itis, sobreviene un período de “calma chicha” anticipando alteraciones metaméricas. Esto es, comienzan a aparecer lumbalgias, las relaciones y el apetito sexual no son los mismos, cefaleas recurrentes, alteraciones digestivas, dificultad para concentrarse, reaparece el dolor de cóccix en situaciones de estrés mantenidas,… tengo una sensación rara en las piernas… He aquí un segmento facilitado en todo su esplendor.
Podemos empezar con una retahíla interminable de tratamientos sintomáticos para mi acuciante dolor de cabeza, mis antibióticos para la cistitis, mis agobios y miedos referidos a la sexualidad… Muchos síntomas con un, más que probable, único origen. Se me viene a la cabeza la imagen de un iceberg, dónde lo importante no está sobre la superficie sino bajo ella¡
Sería bueno pensar en esa energía traumática mal disipada por mi organismo. Entre las múltiples herramientas que podrían ayudarnos a solventar este problema está la terapia craneosacral, que utilizando la reexperimentación de las emociones vinculadas al trauma, favorecerá la movilización y supresión del “quiste energético”. El segmento facilitado dejará de serlo y todo volverá a fluir de manera fisiológica. La metámera vuelve a estar tranquila.