El Síndrome del Intestino Irritable (SII) o Irritable Bowel Syndrome (IBS) también conocido como colitis mucosa, estomago nervioso, colon espástico, colitis espástica y colon o intestino irritable, es un trastorno gastrointestinal “funcional” que afecta aproximadamente al 11% de la población, en una relación en mujeres (2:1) y por debajo de los 50 años (1) sin una clara vinculación genética (2). A diferencia que en la enfermedad intestinal inflamatoria (enfermedad de Crohn y colitis ulcerativa), en el SII la estructura anatómica de la mucosa intestinal es “normal” a ojos de histología macroscópica, sin “grandes” daños tisulares, pero no lo es en términos de intestino permeable o estado integro y funcional de la mucosa y/o de la microbiota.

Los síntomas de esta situación, se suelen manifestar con alternancia del dolor de leve a severo (3) donde en los casos de dolor fuerte llega a ser incapacitante limitando de forma importante la calidad de vida. Añadido al dolor, se encuentran otros síntomas o trastornos gastrointestinales tales como la dispepsia, las náuseas, episodios de estreñimiento o diarreicos incluso cólicos del bajo vientre o sensación de fatiga. (4-6).

Se asocia a comorbilidades somáticas, problemas no gastrointestinales, dolor pélvico crónico, fibromialgia o intolerancias nutricionales entre otras (7) incluso a alteraciones psiquiátricas (8,9) y como no puede ser de otra manera a hipersensibilidad visceral. El mecanismo fisiopatológico se considera muy complejo debido a su razón multifactorial, pero la reciente evidencia científica resalta la importancia de la disfunción intestinal (10), de la sensibilización visceral en relación al el eje HPA (hipotálamo–pituitaria–adrenal), al eje cerebro-intestino (brain–gut axis) y al sistema nervioso entérico (ENS) (11,12).

Al considerarse un síndrome, suele resultar “complejo” definir el desencadenante ya que como hemos dicho puede ser multifactorial y, al no existir una “cura” específica, la tendencia es al tratamiento de los síntomas. Para facilitar “el tratamiento” y ser posiblemente efectivos, según los criterios de Rome III (13), el IBS se ha clasificado en subtipos: IBS con dolor o malestar y el estreñimiento predominante (IBS-C), IBS con diarrea (IBS-D), IBS mixto (IBS-M) y no subtipado IBS (IBS-U).

En la nueva clasificación de Roma IV (14-16) se incluyen 8 categorías: 1) trastornos esofágicos; 2) trastornos gastroduodenales; 3) trastornos intestinales; 4) dolor gastrointestinal por trastornos mediados centralmente; 5) trastornos del esfínter de Oddi y de la vesícula biliar; 6) trastornos anorrectales; 7) trastornos funcionales gastrointestinales de la infancia, y 8) trastornos funcionales gastrointestinales de la adolescencia.

Es curioso, ya que solo el 50% de los pacientes suelen pedir ayuda médica (17), la mayoría de estos una vez alcanzados umbrales incapacitantes de dolor necesitan exámenes diagnósticos añadidos a la exploración (colonoscopias) con el objetivo de descartar enfermedad grave (18) con un sobre coste importante para el sistema de salud (19).

La nutrición, la psicoterapia o la farmacología son el tratamiento habitual de elección a nivel sanitario (20).

Dentro de las terapias integrativas y “complementarias”, la osteopatía aborda desde un punto de vista biopsicosocial (21) esta situación definida como síndrome.

El IBS se ha identificado como una disfunción somática que dentro del paradigma musculoesquelético, se ha definido como “impaired or altered skeletal, arthrodial, and/or myofascial function” (22) capaz a su vez de provocar una alteración neurológica, vascular y bioquímica. La SD está reconocida como trastorno del sistema musculoesquelético y tejido conjuntivo (ICD-11 M93.0) (23)  y estrictamente relacionada con las patologías viscerales (24).

El tratamiento aplicado por el osteópata, debido a la estrecha relación entre soma, víscera y sistema nervioso, debe considerar múltiples factores con el objetivo de mejorar la “salud intestinal” cuando se transforma en el elemento desencadenante de un estado inflamatorio, infeccioso e inmunológico (25). En situaciones de distrés cada individuo buscará mecanismos de compensación en respuesta a las alteraciones  físicas, psíquicas, químicas o emocionales (26).

Este mecanismo compensatorio afectará al “brain-gut axis” en cuanto exista un mecanismo homeostático de equilibrio que vincule el sistema nervioso entérico (ENS), el sistema nervioso autónomo (SNA), y el eje hipotalámico-hipófisis-suprarrenal (HPA) (27). Un desequilibrio, se puede manifestar con dolor y alteraciones sistémicas (28-32).

La evidencia Científica basada en investigación y PRACTICA CLINICA informa de una mejora significativa del IBS y del nivel de dolor (p ≤ 0,01) después de los tratamientos osteopáticos (Tabla 1).

Según las evidencias actuales, el tratamiento osteopático debería considerarse una opción como medicina integrativa y ¿¿¿“complementaria”???.

Se necesitan más investigaciones en este campo para permitir el meta-análisis y demostrar cómo la osteopatía puede actuar holísticamente sobre el IBS (en el sistema musculoesquelético, el ENS, el SNA y el sistema neuroendocrino).

La osteopatía debería convertirse en una medicina manual capaz de integrar la medicina alopática con la cual sólo el 7-15% de los pacientes encuentran beneficios en comparación con un placebo (33). Los estándares de garantía de calidad para la práctica de la osteopatía han sido emitidos por la Organización Mundial de la salud (34) con el fin de garantizar la formación de los profesionales y minimizar los efectos secundarios o colaterales.

Puede ser una herramienta de mucha ayuda, e incluso ser la terapia más efectiva para tratar algunas de las afecciones del sistema digestivo. Se trata de una disciplina que evalúa de lo local a lo global© (no sólo la zona sintomática), buscando la causa del problema que, con los años, ha llevado al paciente a tener ciertos problemas digestivos. Así pues, se trata de un trabajo eficaz en la mayoría de los problemas digestivos. En algunos casos puede mejorar y disminuir los síntomas del paciente (por ejemplo en caso de reflujo gastroesofágico) y, en otros, evitar o disminuir la medicación, muy utilizada por muchos pacientes.

Entre los problemas digestivos, se engloban todos los relacionados con el sistema gastrointestinal, desde la entrada del alimento en la boca, faringe y esófago, pasando por el estómago, duodeno, intestino delgado (órganos de la asimilación ayudados por el hígado y el páncreas, que elaboran enzimas para la degradación de los alimentos) hasta el colon o el intestino grueso (absorción de agua y eliminación), finalizando en el recto con la producción de heces.

Es un sistema que realiza una enorme variedad de funciones digestivas, pero en consulta los problemas habituales son la disfagia (sensación dificultad para deglutir) y la esofagitis (para el esófago), la hernia de hiato con reflujo gastroesofágico (sensación de quemazón después de comer) y gastritis, úlcera péptica (esófago, estómago y duodeno), estreñimiento o diarrea (intestinos) y algunos cuadros mas complejos como la enfermedad de Crohn o síndrome del intestino irritable.

Estos trastornos pueden manifestarse a cualquier edad, desde los problemas de reflujo gastroesofágico y cólicos del lactante en los primeros meses de vida de hasta problemas mas crónicos en la edad adulta y la tercera edad. Los tratamientos por alteraciones digestivas es habitual que se den en paciente de entre 25 y 65 años, un periodo vinculado si lo pensamos a la vida laboral activa, el estrés y el ritmo alto de vida que afecta al sistema nervioso autónomo (involuntario), sistema que dirige todas las acciones del sistema gastrointestinal.

La osteopatía debería ser una terapia de elección en la prevención de muchos problemas digestivos. Tiempo antes de presentar una patología digestiva, el paciente puede sentir algunos síntomas digestivos, como hinchazón y dolor abdominal después de las comidas, que son las primeras señales de una posible disfunción. Algunos órganos o vísceras pueden no están en las mejores condiciones y, sin llegar a tener una verdadera patología, empiezan a funcionar de manera incorrecta (comienza la disfunción). Si eso persiste en el tiempo, acabarán en una patología.

Tras realizar una buena anamnesis (clave) para así llegar a una hipótesis diagnostica con sentido, el osteópata busca en primer lugar cualquier problema estructural que pueda estar afectando al buen funcionamiento del sistema digestivo (ya sea por vía neurológica o vascular). Si las relaciones (metaméricas) de los diferentes órganos y vísceras se mantienen íntegras, afectarán de manera indirecta al buen funcionamiento de cada órgano digestivo, facilitando las funciones fisiológicas que tiene que desempeñar.

Cada órgano tiene una inervación doble (simpático y parasimpático) para activar o inhibir los procesos fisiológicos de la digestión. El osteópata busca un correcto equilibrio en el funcionamiento del sistema nervioso autónomo actuando entre otras cosas sobre el cráneo, las cervicales altas (para tener un efecto sobre el Nervio Vago; inervación parasimpática) y sobre la columna dorsal y lumbar desde T1 (primera vértebra dorsal) hasta L2 (segunda vértebra lumbar) para la inervación simpática.

El tratamiento osteopático DEBE tener en cuenta el correcto funcionamiento del sistema de presiones (negativo torácico y positivo abdominal) donde se encuentran la mayoría de los órganos digestivos. Para ello, es imprescindible que el paciente tenga una buena mecánica respiratoria, un diafragma torácico (principal músculo de la respiración) y un suelo pélvico en óptimas condiciones, un estado correcto de los órganos torácicos, una correcta función abdominal (Core) y un correcto funcionamiento de las vísceras y órganos abdominales.

A través del diafragma, en cada ciclo respiratorio, los órganos y vísceras abdominales van a realizar pequeños movimientos que les ayudaran a mantener un buen aporte sanguíneo y drenaje venoso y facilitar de esta manera un correcto funcionamiento. Para cada órgano digestivo, el osteópata puede testar cada ligamento, meso o epiplón que mantienen cada órgano en su posición ideal en la cavidad peritoneal, buscando zonas de hipomovilidad que puedan estar afectando a ese órgano. Testará aquellas relaciones metaméricas que puedan estar afectando a un órgano o viscera.

El osteópata siempre efectúa un protocolo de test de seguridad y diagnóstico de exclusión antes de realizar cualquier técnica en el abdomen.

Antes de iniciar un tratamiento visceral, nos aseguramos de que el paciente no tenga síntomas que nos hagan pensar en una posible patología orgánica. (fiebre, dolor nocturno que no mejora con ningún movimiento, presencia de ganglios inflamados…). En estos casos, es importante derivar al paciente a un médico para efectuar exámenes complementarios y descartar una patología importante. Para esto, realizamos tests manuales médicos convencionales como la palpación abdominal, la auscultación de la aorta abdominal, el test de rebote etc.

En una infinidad de afectaciones digestivas, es imprescindible la colaboración con médicos, inmunólogos y/o nutricionistas para descartar y tratar posibles intolerancias alimentarias, desequilibrios de la flora intestinal, … que pueden ser la causa primaria de algunas afecciones como la diarrea, estreñimiento, vientres dolorosos e inflamados, etc.

Como ya hemos comentado , la causa de algunos trastornos digestivos puede estar en un problema emocional en el cual la osteopatía derivar a un psicólogo o profesional de salud mental.

Lógicamente, como no puede ser de otra manera, para el tratamiento osteopático debemos tener en cuenta aspectos anatómicos de relevancia para entender el trabajo que desde la osteopatía se contempla para la mejora de esta situación.

Recordemos que los centros del sistema simpático que inervan el sistema digestivo provienen de la columna desde la quinta vértebra dorsal (T5) a la segunda lumbar (L2). Mientras que el sistema parasimpático inerva de estómago a colon (un tercio de este) a través del nervio vago, que sale de la región cervical, y el resto (colon y recto), a través de los segmentos sacros (S2 a S4).

Así pues, a través de la osteopatía y sus diferentes técnicas, vamos a tratar estos componentes del SNA mediante el reflejo viscero-somático (35).

En la práctica clínica encontramos un gran interés al normalizar este reflejo viscero-somático ya que justifica que un trastorno funcional intestinal proyecte dolores no específicos (dolores que aparecen sin lesión) en ciertas regiones de la espalda, más frecuentemente en la zona lumbar.

Las mejoras a nivel digestivo suelen ser bastante evidentes en pocas sesiones. En muchas ocasiones, los pacientes acuden a la consulta por un dolor dorsal o lumbar que no ha mejorado con otros tratamientos. Después de una anamnesis y exploración completa, el osteópata encuentra por ejemplo una fijación del colon descendente como disfunción principal. Al indagar por sus hábitos digestivos, el paciente refiere un estreñimiento de varios años de evolución que ha empeorado en los últimos meses, coincidiendo con la aparición de la lumbalgia. El tratamiento del colon puede en este caso resolver en gran medida el dolor lumbar (motivo de la consulta) pero no es poco frecuente que el paciente refiera una mejora muy importante de sus deposiciones. Muchos pacientes (y compañe@s sanitari@s) desconocen los beneficios de la osteopatía en el sistema visceral.

De todas formas, los desórdenes intestinales pueden tener muchos orígenes y en muchas ocasiones es imprescindible el tratamiento de otros profesionales como médicos, nutricionistas y en algunos casos psicoterapeutas, ya que los trastornos digestivos pueden tener un trasfondo de problemática psicoemocional.

En ciertos problemas, como las hernias de hiato con reflujo, no podemos solucionar el problema; pero podemos disminuir la sintomatología y mejorar la calidad de vida.

Es una terapia manual, por lo que, gracias a la osteopatía, podemos conseguir que el paciente deje de tomar o disminuya la medicación para estas pequeñas disfunciones (laxantes, omeoprazol…) y al abordar al paciente de manera holística mejoraremos de manera indirecta su postura, dolores dorsales y lumbares (muy comunes en pacientes con problemática digestiva), circulación sanguínea y drenaje linfático.

La palabra “crónico” proviene del griego “Cronos” (dios del tiempo) y quiere decir que es algo de larga duración pero NO para siempre. Para que esto ocurra, debemos conocer qué mecanismos son los que pueden provocar este estado:

  1. Hipoclorhidria
  2. Sobrecrecimiento bacteriano del intestono delgado (SIBO)
  3. Disbiosis intestinal
  4. Disbiosis bucal

Junto a un correcto planteamiento osteopático, podemos tener en cuenta las siguientes indicaciones (siempre valorando previamente su interés por un profesional cualificado):

  1. Modificación de la alimentación
  2. Reducir la frecuencia de comidas
  3. Resolución de alguna situación emocional si se cree motivo de la situación del digestivo

La cuestión es saber si una correcta valoración, una estructurada y justificada hipótesis diagnostica y un más que madurado planteamiento de tratamiento (todo ello gobernado por conocimiento, formación y competencias) es algo “complementario”, ¿a que?.

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