Suspenso bajo la lupa de la fisiología y el sentido común…

Cum laude (del latín, con alabanza) bajo la maestría otorgada por el convencimiento y por las buenas intenciones, a priori.

Hoy revisaremos algunas situaciones reales en el marco de la salud, que nos hacen pensar sobre la honestidad profesional y el resultado de diversas acciones y decisiones en nuestra vida. Son casos observados en mi práctica clínica diaria, en la que no “hacemos milagros”, sino que escuchamos, observamos y colaboramos con nuestros pacientes en el restablecimiento de su salud y el logro de sus objetivos.

CASO 1:
Aquel día que quisimos adelgazar y tener un cuerpo 10.
Nos fuimos a una “fantastiquicia”, una de esas firmas que tienen una tienda por lo menos, en las grandes urbes. Nos iban a descubrir LA DIETA MÁGICA: con unos productos milagro, mi buen hacer y un buen paquete de efectos secundarios o rebote… Llegarían a confundirme con un cuerpo de revista de fitness. Además, mi doctor dejaría de repetirme que el colesterol necesita una pastilla para estar bien bajito toooda la vida.
La “ocurrencia” de bajar de peso… Cum laude. En muchos casos reportará salud, sin duda alguna. En cuanto a las “formas”… Suspenso. Si algo debemos tener en cuenta es la fisiología humana y la propia en particular. Debemos tener presente a Hipócrates: cuando hablaba de NO HACER DAÑO, sin duda se refería al respeto a la naturaleza humana.
El daño a la salud en términos de objetivos resultadistas, se enmarca en que no sólo se trata de perder gramos y contar calorías, esto es muy simple y complejo a la vez. El agradecimiento de nuestro organismo queda en entredicho cuando hemos puesto a hígado y riñón a hacer esfuerzos titánicos para “depurar” lo indepurable, a nuestro estómago a recibir ingesta cinco o seis veces al día, a tomar batidos en lugar de masticar…. a movernos constantemente con la barriga llena o casi. Todo esto nos daña a corto, medio y largo plazo. La medicina evolutiva nos recomienda comer aquellos alimentos que estamos diseñados para comer (proteínas de alto valor biológico, carbohidratos procedentes de frutas y verduras, grasas sanas y necesarias, etc), dos o tres ingestas al día como mucho, movernos con la barriga vacía… Ahondar en esto será materia para futuros posts.

 

 

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CASO 2:

Aquel día que quisimos tener acero en los músculos y que además, las camisetas nos quedaran como a “stallone”.
Allá nos vamos al gimnasio a que nos digan cómo es eso de ponerse cachas, hipertrofiar, ponerse grande…
La intención, hasta cierto punto, cum laude.
Las formas, suspenso en demasiados casos. Me explico: como licenciado en ciencias de la actividad física y el deporte tengo muy claro que la actividad física en cualquier ámbito (rendimiento, ocio, salud…) debe ser individualizada en un inicio, considerando el pequeño grupo una herramienta muy enriquecedora en poblaciones homogéneas y con una experiencia notable. La utilización de las conocidas “máquinas” de gimnasio para ponerse en forma, quizá requiera una revisión y pensar en que hay que estar en forma para poder enfrentarse a ellas.
Las prescripciones de ejercicio deberían estar respaldadas por un razonamiento lógico y fisiológico, pues no jugamos solamente con músculos, tendones e hipertrofias varias… No entrenamos simplemente una sarcómera, ojo, estamos provocando adaptaciones en un organismo complejo y perfectamente interrelacionado y además, con un nivel de salud concreto. Si nos quedamos en programar series y repeticiones podemos convertir el ejercicio en fuente de problemas. No se trata de mover pesos, se trata de devolver funcionalidad a nuestro aparato musculoesquelético.
Trabajemos con criterio, empatía, profesionalidad y sentido común. Reivindico el trabajo inter y multidisciplinar, dónde muchas veces, un solo profesional no alcanza a resolver un problema.

Tras casi veinte años dedicados al movimiento y a la salud, siempre creí necesaria la ayuda y colaboración profesional de calidad, e intenté rodearme de personas competentes. Desde una perspectiva profesional (y hasta personal), hoy puedo decir que, tras pasar por épocas de individualidad, pareja y familia, la riqueza (en todas sus acepciones) que aporta una tribu/equipo es descaradamente mayor cuantos más remeros se embarquen en esta aventura vital y profesional.

Pensemos entonces si esa tendinosis de hombro que apareció tras los primeros ejercicios en las dichosas “máquinas” se podría haber evitado.
Pensemos en comunicación humilde y fluída entre expertos en medicina, rehabilitación y entrenamiento; sumemos buen hacer y criterio, y tendremos éxito en nuestro cometido, ya sea salud, ocio, rendimiento… Por el bien de tod@s.

 

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CASO 3:

Aquellas visitas recurrentes a los servicios médicos a causa de un dolor de cabeza.
Padezco un dolor desde tiempo atrás que últimamente se manifiesta con demasiada frecuencia: acudo al médico. La decisión, a priori, cum laude.
El abordaje, tratamiento y resolución del problema, suspenso.
Primera visita: comenzamos con un más o menos aséptico:
– Buenos días, ¿qué le pasa?
– Me duele la cabeza.
– Tómese esto y se le pasará.
Después de una semana con esto, sigo con mi dolor que no está mucho mejor… El dolor no era por falta de esto, claro está.
Segunda visita:
– Ahora, además de cefalea, me duele la barriga.
– Claro, hace falta un protector.
Me voy haciendo amigo de la rutina “farmacoilógica”. Durante un tiempo me acompañan los dos remedios químicos y, conforme pasan las semanas, el dolor sigue siendo parte de mi día a día. Por cierto, siento una ligera falta de energía…
Tercera visita:
– El dolor de cabeza sigue presente, la barriga solo me duele cuando no tomo el protector. Por cierto, Doctor, me encuentro un poco cansado durante el día.
– Va a ser el momento de tomar unas vitaminas, con ginseng, para que no falte la chispa.
Esto va para largo, hay que tomarlas mínimo un mes… ¡Allá vamos!
Efectivamente, el subidón es notable, pero el dolor de cabeza sigue ahí y ahora me cuesta dormir. Estamos entrando en el círculo de no dormir, fatiga acumulada… pero al día siguiente me tomo las vitaminas para ir llevando el día y listo. Sobrevivimos ese mes y…
Cuarta visita:
– Tengo dolor de cabeza, también de barriga si me olvido de protegerme, subidón notable y duermo mal.
– No hay problema, metemos algo suavecito para dormir. Conviene tomarlo durante un período de seis meses para que no haya efectos secundarios.
¡A por ello! Esto sí que es dormir: si no fuera por las vitaminas que me he vuelto a tomar, me dormiría en la oficina.
Pasan los meses y como no me tome eso suavecito, no duermo, y si no me tomo las vitaminas no arranco. El dolor de cabeza se vuelve insoportable por momentos, ¡¡¡¡ni tomando pastillas cede!!!! Quinta visita:
– ¿Qué tal duerme con el tratamiento?
– Pues muy bien, salvo cuando me duele la cabeza, ¡qué no hay forma de pegar ojo!, y si no me lo tomo, no duermo ni sin dolor de cabeza.
– Le voy a mandar al neurólogo.
Tras esperar tres o cuatro meses mínimo para ver al especialista, sigo con dolor de cabeza, con miedo a algo grave, lleno de pastillas y con una calidad de vida cada vez más decadente por tanta saturación química en mi pobre organismo.

Sexta visita (neurólogo): le cuento mi historia y decide darme tratamiento más fuerte para el dolor de cabeza. Este sí que me calma cada vez que lo tomo, pero pasa el tiempo y el efecto milagroso comienza a diluirse y comienzo a plantearme si tengo algo grave. El dolor está presente en mi vida y el contacto con el entorno, familia, amigos, etc, no deja de informarme sobre historias de gente con tumores cerebrales y finales luctuosos.

¡Esto es un sinvivir y no sé qué hacer! Acabo en el reumatólogo, le cuento que me duele todo, no duermo, no tengo energía, estoy cercano a la depresión… Y me confirma que padezco ¡¡¡FIBROMIALGIA!!! Hala, etiqueta al canto y para toda la vida con esta desgracia a cuestas, que dicen que no se cura, ahhhhh!!!

Llevamos un año de calvario… Volvamos a la primera visita y recapacitemos.

 

 

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Si tras el interrogatorio y una valoración exhaustiva inicial observamos la presencia de alguna señal que comprometa nuestra salud de forma seria, sí que el papel del neurólogo u otros especialistas puede ser vital para el paciente. La presencia de una red flag indica que nuestra vida puede estar en peligro y es indiscutible el protagonismo de la medicina para salvarnos. Gracias que existe.

En la valoración inicial debemos tener presente funciones básicas como el movimiento, el circuito de recompensa (comer con hambre), circuito de la sed (equilibrio hídrico, referido a beber con sed), el sueño, el nivel de estrés permanente o patológico… Si alguno o varios de estos mecanismos fisiológicos está alterado, restablezcamos su funcionamiento natural: será como devolver salud. En el caso del paciente anterior hacía años que no bebía un vaso de agua, su cabeza se lo decía, ¡¡¡cada vez con más insistencia!!! ¿Por qué no se repara en esto? Cada uno de ustedes tendrá una respuesta: razónenla, por favor.

Recordemos, el conocimiento de los mecanismos de acción de nuestro organismo debe ser la base para entender lo que nos pasa y a continuación, solucionarlo de forma natural siempre que sea posible.
Pensemos en lo mejor para cada uno de nosotros, nuestras decisiones de hoy pueden comprometer el mañana. Refiriéndose a la salud, esto cobra gran importancia, pues con una salud deficitaria podemos ir directos a la cronicidad de patologías y a la merma de nuestra calidad de vida. NO ES OBLIGATORIO TOMAR CINCO PASTILLAS PARA CALMAR UN DOLOR QUE NO SABEMOS DE DÓNDE VIENE. Reflexionemos sobre devolver salud o flirtear con la enfermedad. Somos libres de decidir, créanlo.

 

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Agradezco a mis pacientes las oportunidades que, cada día, me brindan de aprender y mejorar mis prácticas, obligándome a considerarlos como seres únicos y respetables por el simple hecho de buscar ayuda a sus problemas y confiar en mí para compartir su viaje hacia la SALUD.

No se olviden que no hace terapia quien padece un problema, sino quien quiere solucionarlo.