Hace un par de semanas, una paciente acudió a nuestro centro a consultar un dolor que tenía en el hombro derecho desde hacía 1 año. Tras la entrevista y la valoración que precisaba, le transmití lo que creía que le estaba ocurriendo, un proceso de trabajo que duraría alrededor de 1 año. L@s que trabajáis patología de hombro estáis acostumbrad@s a afrontar este tipo de situaciones, a transmitir de una manera clara al/la paciente lo que ocurre y cual es la línea de trabajo a seguir para conseguir que su hombro llegue a mejorar, así mismo, estáis acostumbrad@s a orientar al/la paciente hacia la curación con vuestro discurso, con vuestra palabra incluso con vuestros gestos.

 

Tras explicarle a la paciente la situación, esta, me comentó que comprendía perfectamente lo que le había explicado, que tenía claro cual era el tratamiento y que confiaba en mi como profesional para llegar a buen puerto. A continuación añadió lo que supuso este post, me pregunto…”lo que no entiendo es porque me explicas las cosas como compadeciéndote de mi, ¿tan grave es para que sientas compasión?…imaginaos mi cara, inmediatamente pensé “debo mejorar mi discurso, no puedo trasladar este tipo de información y que la paciente reciba eso de mi, compasión”.

 

Es por ello que los siguientes días mi cabeza pensó mucho sobre esa situación, no voy a decir que pocas veces, me interesé por mi actitud, lo hablé con mis compañer@s, puse atención con l@s siguientes pacientes en mis palabras, en mis gestos, en el discurso. Me surgía la duda, ¿debo ser compasivo?, no lo tenía claro, ¿la compasión es buena en nuestro trabajo? ¿es mala?, solo comparto esta pequeña reflexión sobre ello con tod@s vosotr@s.

 

Me ha sorprendido saber hasta donde llega el interés y el conocimiento humano por las cosas, como para cuando tu piensas algo, ya hay otr@ que lo ha pensado antes, como para sentirnos únicos ¿eh?. Es conocida la importancia de la compasión dentro del mundo científico (Strauss et al, 2016). A pesar de ello, existe falta de consenso como en muchas cosas. Parece ser que la compasión es difícil de medir, de evaluar, de cara a que toda intervención que se haga de una manera efectiva.

 

La palabra “compasión” tiene su origen en el latín “campati”, que significa “sufrir con”. Los grandes estudiosos de la filosofía dicen que la compasión implica sentir por una persona que sufre, además de estar motivado para “hacer algo” con el objetivo de ayudar (Goetz et al, 2010). Incluso, en los EE.UU la compasión se recoge dentro de los principios de Etica médica de la asociación médica estadounidense (AMA, American Medical Association), esta, recoge que “ un médico se dedicará a proporcionar servicios médicos competentes con compasión y respeto por la dignidad humana” (AMA,2020). Y aun más, existe una fundación internacional conocida como la “Compassion in Education” (CoED, 2014) que ofrece todo un abanico de servicios a profesionales que se dedican a la educación con el objetivo de promover la compasión en el sistema educativo, alucinante!!!!!.

 

En un estudio del año 2004 (Kanov et al, 2004) el cual se titula “Compassion in Organizational Life” podemos ver como la compasión consta de tres puntos: notando, sintiendo y respondiendo (noticing, feeling and responding). Notar, darse cuenta significa ser consciente del sufrimiento de alguien, bien porque lo reconocemos cognitivamente o porque lo experimentamos de manera inconsciente a través de una reacción física o afectiva. Sentir, significa responder emocionalmente a dicho sufrimiento y experimentar algo que me ha fascinado “preocupación empática”, poniéndonos en el lugar de la persona e imaginando su situación. Por último, responder, tiene que ver con el deseo de hacer algo para aliviar el sufrimiento de la persona. Por tanto, nos damos cuenta de que la compasión no consiste solo en hechos afectivos o conductuales, sino que también implica imaginación y razonamiento sobre la situación vivida por esa persona.

 

Otros autores como por ejemplo Gilbert (Gilbert, 2010) cree que la compasión esta formada por 6b puntos: sensibilidad, simpatía, empatía, motivación, tolerancia a la angustia y falta de juicio. Algo que coincide con Kanov et al (2004) a través de la sensibilidad, la simpatía y la empatía. Me parece interesante en señalar como Gilbert hace hincapié en la “tolerancia a la angustia” de forma que lo define como la capacidad de tolerar emociones difíciles en uno mismo cuando se enfrenta al sufrimiento de otra persona sin sentirse abrumado por ellos. Aquí esta la clave!!!!!, este fue mi problema con la paciente, no supe tolerar mi propia angustia ante su situación con el resultado que le traslade mi carencia a la paciente haciendo que si sintiese de aquella manera. Resumiendo, como siempre, el problema esta en mi, no en los demás, otra cosa a anotar en el listado de “cosas a mejorar de Oscar”.

 

Gilbert (2010) pone énfasis en este punto, ya que comenta que si nos identificamos demasiado con el sufrimiento de una persona, podemos sentir la necesidad de alejarnos de ella o reducir nuestra conciencia de su angustia, evitando una respuesta compasiva. Vamos, que aunque la compasión signifique “sufrir con” otra persona, si sentimos una angustia personal tan extrema frente al sufrimiento de esa persona que nos enfocamos demasiado en nuestra propia incomodidad, puede dificultar nuestra capacidad de ayudar.

 

Es curioso aprender por tanto que la compasión no solo se trata de sentirse “tocado” por el sufrimiento de otra persona, sino también de querer actuar para ayudarla, esto empieza a resolver mis dudas sobre si debemos ser compasivos en consulta con nuestr@s pacientes, me tranquiliza.

 

Otro artículo que me ha encantado es el de Strauss (2016), el cual habla sobre las medidas de autoevaluación y observación. Me ha sorprendido como introduce el termino “resonancia emocional” ( me lo apunto para mis clases) sobre como conectar y empatizar con el sufrimiento de esa persona y como a su vea debemos aprender a tolerar sentimientos que tiene el/la paciente muchas veces incomodos para nosotros como terapeutas tales como la angustia, la ira o el miedo (“…¿¿¿pero porque haces eso si te duele???…” ¿os suena?), aprendiendo esto permaneceremos abiertos a aceptar a la persona que sufre y por tanto poder llegar a intentar ayudarle.

 

Fijaos, en un estudio del año 2005 (Epstein et al, 2005) podemos ver como la compasión tiene numerosas ventajas prácticas. Se argumenta que el tratamiento compasivo de los pacientes tiene una amplia gama de beneficios, entre los cuales encontramos la mejora de resultados clínicos, el aumento de la satisfacción del paciente con las prestaciones y la mejora de la calidad de la información recopilada de los pacientes. También se cree que la compasión promueve el bienestar individual y la mejora de la salud mental (Cosley et al, 2010; MacBeth and Gumley, 2012).

 

Los últimos avances en neurociencias afirman que la compasión es el motivo para detectar y abordar el sufrimiento, con el compromiso de tratar de aliviarlo o provenirlo (Gilbert, 2019). Según Marsh (Marsh, 2019) la compasión probablemente surgió de nuestra neurofisiología de cuidado como mamíferos, y se evidencia que facilita la conexión, el cuidado y un mejor funcionamiento social (Ferrari et al, 2019).

 

Llegados a este punto me surge la duda entre compasión, empatía y amabilidad, no lo tengo claro entonces.

 

Empatía vs compasión

 

La palabra empatía se define como: “el poder de identificarse mentalmente con un apersona u objeto de contemplación (y por tanto comprenderla) (Klimecki et al, 2014).

 

Según Pommier (Pommier, 2011) una distinción entre compasión y empatía sería que la compasión se siente específicamente en respuesta al sufrimiento, la empatía puede aplicarse a una gama mas amplia de situaciones, como sentir empatía con la ira, el miedo o la alegría de otra persona.

 

Además, hallazgos recientes en el campo de la neurociencia sugieren que diferentes regiones del cerebro se activan en respuesta al entrenamiento compasivo y empático (Ashar et al, 2017). Ya no tienes excusa para no ser empático y compasivo con l@s demás Oscar, lo dice la ciencia, tienes que dejar de ser un “rosmon” como dice mi amigo Camilo.

 

 

Amabilidad vs compasión

 

¿Y con la amabilidad?, ¿cual será la diferencia?, la compasión esta normalmente vinculada a la amabilidad. Neff y Pommier (2010) incluyen la amabilidad como un punto dentro de la compasión incluso se define la compasión como la “amabilidad inteligente” (NHS, 2013). La amabilidad incluye elementos más allá de la compasión, ya que la amabilidad no solo esta vinculada al sufrimiento (por ejemplo acordarte del cumpleaños de alguien es amable no compasivo). Además, la compasión no siempre implica amabilidad en el momento (por ejemplo, las normas, las directrices a una hija definido como “amor duro” puede ser compasivo, pero no amable).

 

Por tanto, lo que distingue la motivación compasiva en comparación a la empatía y la simpatía, es que la motivación de la compasión es reducir el sufrimiento (Kirby, Day and Sagar, 2019).

 

 

Motivación compasiva

 

La compasión humana surge de esta motivación básica de cuidado de los mamíferos y mezcla competencias cognitivas complejas que han evolucionado en los últimos dos millones de años. Aquí se incluyen conceptos como la inteligencia social de conocer la conciencia (es decir, la capacidad de mentalizar y participar en la atención plena), la conciencia empática (es decir, la comprensión de por qué sentimos/pensamos/actuamos de la manera en que lo hacemos y la de los demás) y conocer la intencionalidad (es decir, elegir motivos específicos y desarrollar habilidades especificas para dicho motivo) (Suddendorf, 2018). Estas cuestiones cognitivas sociales permiten fortalecer el motivo compasivo, por tanto, la compasión se puede “trabajar”, yo diría que se debe!!!!.

 

Empiezo a pensar que la compasión es una parte importante y FUNDAMENTAL en el trabajo diario de los profesionales de la salud.

 

De echo, una revisión hecha por Durkin, Usher and Jackson (2019) a la pregunta “¿cómo las enfermeras expresan la compasión y como la reciben los pacientes hospitalizados?”. Según los autores, las enfermeras representan la compasión a través de ciertos comportamientos como pasar tiempo con los pacientes y hablarles de manera afectiva. Los pacientes experimentan compasión a través de un sentido de unión con las enfermeras. El mensaje de esta revisión es que los profesionales de la salud deben reconocer el tiempo necesario con los pacientes y explicar de manera adaptada aquel discurso tantas veces ambiguo que recibe el paciente, de esta forma el paciente sentirá la relación entre compasión y sufrimiento.

 

Compasión y neurociencia

 

A pesar de que los mecanismos neurales que sustentan estos procesos son poco conocidos, la neurociencia cada vez presta más atención a estos procesos (Kim, Cunningtob and Kirby, 2020). Este análisis detectó la activación de siete amplias áreas que abarcan las regiones frontales, prominentes y del mesencéfalo.

Argumentan que las investigaciones futuras en la ciencia de la compasión continúen con un enfoque multimodal para examinar los vínculos entre la actividad neuronal y el comportamiento prosocial real. Consideran que la compasión está impulsada por la emoción modulada por las características del entorno o del objetivo.

 

  • Recomiendan que las futuras investigaciones de neuroimagen busquen establecer vínculos entre los datos neuronales y el comportamiento concreto real fuera del escáner, como los actos prosociales o altruistas. 

 

  • Recomiendan que las futuras investigaciones de neuroimagen consideren estudiar poblaciones clínicas como las que tienen depresión y / o ansiedad.

 

  • Cuando se mide y evalúa la compasión en investigación, recomiendan utilizar varios métodos, como neuroimagen, parámetros fisiológicos(ej. variabilidad de la frecuencia cardíaca) (Matos et al., 2017), paradigmas conductuales y de autocontrol. Conjuntamente, estas herramientas de medición ayudan a proporcionar información sobre lo que es el compromiso y el comportamiento compasivo.

 

 

 

Estoy seguro, debemos ser compasivos, empáticos y amables, algunos tenemos mas trabajo que otros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias bibliográficas

 

AMA (2020) AMA Principles of Medical Ethics: @AmerMedicalAssn. Available at:  https://www.ama-assn.org/about/publications-newsletters/ama-principles-medical-ethics.

Ashar, Y. K., Andrews-Hanna, J. R., Dimidjian, S. and Wager, T. D. (2017) ‘Empathic Care and Distress: Predictive Brain Markers and Dissociable Brain Systems’, Neuron, 94(6).

Durkin, J., Usher, K. and Jackson, D. (2019) ‘Embodying Compassion: A Systematic Review of the Views of Nurses and Patients’, Journal of clinical nursing, 28(9-10).

Epstein, R. M., Franks, P., Shields, C. G., Meldrum, S. C., Miller, K. N., Campbell, T. L. and Fiscella, K. (2005) ‘Patient-centered Communication and Diagnostic Testing’, Annals of family medicine, 3(5).

Ferrari, M., Hunt, C., Harrysunker, A., Abbott, M. J. and Beath, A. P. (2019) ‘Self-compassion interventions and psychosocial outcomes: a meta-analysis of RCTs’, Mindfulness, 10(8).

Gilbert, P. (2010) The compassionate mind. London: Constable & Robinson Ltd.

Gilbert, P. (2019) ‘Explorations Into the Nature and Function of Compassion’, Current opinion in psychology, 28.

Goetz, J. L., Keltner, D. and Simon-Thomas, E. (2010) ‘Compassion: An Evolutionary Analysis and Empirical Review’, Psychological bulletin, 136(3).

Kanov, J. M., Maitlis, S., Worline, M. C., Dutton, J. E., Frost, P. J. and Lilius, J. M. (2004) ‘Compassion in Organizational Life’, http://dx.doi.org/10.1177/0002764203260211.

Kim, J. J., Cunnington, R. and Kirby, J. N. (2020) ‘The Neurophysiological Basis of Compassion: An fMRI Meta-Analysis of Compassion and Its Related Neural Processes’, Neuroscience and biobehavioral reviews, 108.

Kirby, J. N., Day, J. and Sagar, V. (2019) ‘The ‘Flow’ of Compassion: A Meta-Analysis of the Fears of Compassion Scales and Psychological Functioning’, Clinical psychology review, 70.

Klimecki, O. M., Leiberg, S., Ricard, M. and Singer, T. (2014) ‘Differential Pattern of Functional Brain Plasticity After Compassion and Empathy Training’, Social cognitive and affective neuroscience, 9(6).

MacBeth, A. and Gumley, A. (2012) ‘Exploring Compassion: A Meta-Analysis of the Association Between Self-Compassion and Psychopathology’, Clinical psychology review, 32(6).

Marsh, A. A. (2019) ‘The Caring Continuum: Evolved Hormonal and Proximal Mechanisms Explain Prosocial and Antisocial Extremes’, Annual review of psychology, 70.

Matos, M., Duarte, C., Duarte, J., Pinto-Gouveia, J., Petrocchi, N., Basran, J. and Gilbert, P. (2017) ‘Psychological and Physiological Effects of Compassionate Mind Training: a Pilot Randomised Controlled Study’, Mindfulness, 8(6), pp. 1699-1712.

NHS, Health, D.o. (2013) NHS Constitution for England: National Health Service.

Pommier, E. A. (2011) ‘The compassion scale’, Humanities and Social Sciences, (72).

Strauss, C., Lever Taylor, B., Gu, J., Kuyken, W., Baer, R., Jones, F. and Cavanagh, K. (2016) ‘What Is Compassion and How Can We Measure It? A Review of Definitions and Measures’, Clinical psychology review, 47.

Suddendorf, T. (2018) ‘Two key features created the human mind: Inside our heads.’, Scientific American, ISSN 0036-8733, Vol. 319, Nº. 3, 2018, págs. 42-47.