Esta vez nuestro compañero Juan Álvarez nos habla sobre primer contacto con el paciente y como orientar esta relación terapeuta-paciente.

Esperamos que os guste!!!

 

Nos situamos en el inicio de la relación con un paciente nuevo.

Nuestra relación comienza desde que vemos y/o escuchamos al paciente.
Esta escucha ha de ser activa para recabar todos los datos posibles y para que el paciente se sienta escuchado y comprendido. Qué dice y cómo lo dice, incluso tono y timbre de voz son rasgos dignos de ser observados. Por supuesto, la postura, gestos y, en definitiva, la comunicación no verbal son rasgos que deben ser observados al detalle pues en ellos se esconde gran cantidad de información fidedigna sobre nuestro paciente.
Debemos mostrar empatía, de falta de ella, puede que ya esté sobresaturado nuestro paciente¡
El paciente incomprendido o no escuchado nunca estará enfocado a la mejora, lo que lo llevará a la resignación y consecuente agravamiento de su problema. Vital enfocarlo hacia la curación y nunca a la cronicidad. Aquí será importante el qué y el cómo lo transmitamos nosotros, los terapeutas. Si vivimos en salud, transmitiremos salud.
La escucha activa y el interrogatorio completo se orientarán a un razonamiento clínico lógico identificando los mecanismos de acción alterados.
Una aclaración inicial sobre el dolor facilita que el paciente se sienta identificado y empiece a comprender qué es lo que le pasa. Esto es vital para que se reubique y se haga responsable de su curación.
Debemos identificar los síntomas o dolores, estudiarlos y comprenderlos… siempre que sea posible. Esto es crear una historia, entender lo que ocurre.
Atisbamos un dolor por inflamación, hipoxia, sensibilización central… Teniendo siempre presente el concepto de red flag, que nos llevaría a derivar a servicios médicos.
El razonamiento clínico de los mecanismos alterados nos permite entender causas y consecuencias del problema de tal forma que podremos establecer un plan de trabajo para controlar y erradicar si es posible, el trastorno. La fisiología humana y el entendimiento global de la persona son pilares a la hora de comprender los trastornos de nuestros pacientes.

Partimos de un concepto de salud basado en la nutrición natural, en el movimiento con coherencia fisiológica y en una gestión emocional adecuada. El referente del sistema nervioso visto desde el prisma metamérico nos ubicará y aclarará las relaciones entre síntomas que no podrían vislumbrarse desde otros puntos de vista. Pero nuestra intervención no se queda aquí, sino que va mucho más allá gracias a las terapias manipulativas.

El trabajo sobre aparato musculoesquelético estaría amparado en el masaje, movilizaciones articulares, terapia por cadenas miofasciales y osteopatía. Todo ello inundado de trabajo activo desde el primer momento, a ser posible. Consideramos también el ritmo craneosacral y sus posibilidades desde una perspectiva global y con el concepto metamérico siempre presente. Podremos intervenir en el funcionamiento de un órgano vía alimentación y movimiento pero la ayuda desde un estímulo correcto sobre el sistema nervioso será primordial dentro del paradigma metamérico en el que vivimos. El gesto afinado y preciso es básico.

La manipulación visceral es, además de un informador fiel para el terapeuta experimentado, un medio de tratamiento espectacular con un respaldo científico asumido.
Merece ser recordada la frase de un gran profesor; …siempre se puede hacer algo… Y la de un genial compañero; …dejad a la metámera tranquila…+info post de borja

Guían mi actuación y me hacen repensar, con humildad, mi aportación en forma de tratamiento. Adaptarme a un paciente que espera mi ayuda y/o consejo. Este paciente llegará narrándome, más o menos, al detalle, el último fotograma de la película, es decir, lo que le duele. La pericia de mi escucha e interrogatorio serán los aliados que tengo para descubrir el argumento de la película.
Image-1

 

 

También la utilización de test funcionales y valoraciones osteopáticas aportarán información esencial para seguir entendiendo la “película”.

El símil del problema, causas y factores que tener en cuenta, nos lo ofrece la misma naturaleza. FOTO ICEBERG

El paciente nos contará la parte visible, nuestra labor será descubrir la parte menos visible y más importante de la realidad de ese paciente. Su historia verdadera, su película con todos los fotogramas. Un iceberg al visto al completo.
A la hora de establecer un plan de actuación debemos contar con el paciente, saber transmitir, implicar y empoderar al paciente es necesario para que colabore en la solución de su problema. La desactivación del anterior cingular cortex juega un papel esencial en la posibilidad de mejora, deep learning. Por esto es importante una correcta explicación al paciente sobre el qué le pasa.
Es deshonesto jugar a ser un superterapeuta, el protagonista es el paciente, nosotros, sus humildes “bastones”, seremos un apoyo temporal que ayudará a restablecer la salud con nuestras herramientas. Las resistencias que presente el paciente deben ser respetadas de cara a plantearnos cuánto queremos mejorar, saber buscar una “grieta” para penetrar en entramado psíquico y llevar al paciente hacia la curación. Si crees que sólo tú curas, y que sabes más que el paciente sobre su problema, cambia el enfoque, tú muerte profesional está próxima.

A la hora de plantear un tratamiento debemos tener en cuenta una visión general, será el hilo de la mejora, la autopista que debemos recorrer. Por otro lado, una visión más específica, más cortoplacista nos dirá cómo conducir o movernos en cada tramo de la autopista.
Los puntos de control en forma de sesiones nos informarán sobre los logros y replanteamientos sobre nuestra actuación. Un proceso activo permite cambios, uno rígido y basado en el síntoma nos encamina a la cronicidad.

Cada sesión es una ocasión para recentrar el proceso, si es necesario. Valorar avances y/o dificultades, reevaluación constante y continuidad de un tratamiento manipulativo, que entendido por el paciente, tiene la garantía del éxito.