En el afinamiento del gesto, en la precisión y sutileza de nuestras manos, en la importancia suprema del conocimiento anatomo-fisiológico de el cuerpo, en la correcta estimulación local del tejido para la consecución de una respuesta refleja.

Una correcta estimulación por parte del terapeuta en cuanto al cuando estimular, el cómo, la secuencia, la intensidad, la velocidad, el arte..

Todos estos aspectos determinarán la correcta consecución de nuestros objetivos como terapeutas.

Ante la lesión osteopática, nuestro objetivo estará cerca de la calma, la tranquilidad, la vuelta al equilibrio, la homeostasis..y nunca en la sobreexcitación provocada por un exceso de estimulación.

Ya podemos , por tanto , intuir a lo que nos referimos cuando hablamos de “dejar tranquila a la metámera”. Como todo en esta vida en el equilibrio está la cuestión.

 

En este punto del post dejaremos esta frase de un osteópata francés:

“Cuanto más enfermos estamos, menos salud tenemos y menos podemos soportar.

Cuanto menos enfermo se está, mejor salud tenemos y más podemos soportar” (Jean Francois Terramosi))

Evidentemente todos podemos decir que esta frase plasma algo muy lógico y coherente que todos entendemos, si bien, muchos profesionales de la salud, a veces, no la llevamos a la práctica.

Volveremos aquí más tarde, ahora empecemos por definir y contextualizar.

Primero de todo, será importante definir la metámera.

Podemos definir la metámera como la región y estructuras que están bajo la influencia de un mismo segmento medular. Un mismo segmento, regirá estructuras como músculo, piel, víscera, hueso/articulación, vasos sanguíneos y tejido nervioso.

Es decir, a un mismo segmento llegará información procedente de cada uno de estos sitios.

Podrán llegar influjos nerviosos en su justa medida, en un equilibrio constante. O podrán llegar bombardeos continuos de influjos nerviosos provocados por una lesión osteopática y una sobreexcitación de la metámera correspondiente.

Por consiguiente, del hecho de la llegada continua de influjos a partir de la zona de lesión, todas estas neuronas son mantenidas en un estado de hiperexcitibilidad frente a todos los influjos que les atacan, cualquiera que sea la fuente (influjos provenientes de otros segmentos de la médula, de centros superiores como la corteza cerebral, de la piel,..). El segmento medular de la lesión vertebral puede entonces ser considerado como un segmento facilitado en el que las barreras fisiológicas de protección de las neuronas están debilitadas.

Se puede decir que las neuronas motoras eferentes de la zona medular facilitada son mantenidas en un “estado límite”.

Toda actividad nerviosa será canalizada hacia las zonas facilitadas donde ella tendrá un efecto muy amplificado.

Todas las neuronas eferentes que tienen su cuerpo celular en estas zonas, se pondrán a descargar en respuesta a sus eferencias corticales enviando una corriente de impulsos extremadamente intensa hacia los tejidos que ellas inervan.

Estos tejidos serán mantenidos en un estado anormal y existirán, según el tejido, perturbaciones en la contractibilidad de los músculos estriados o perturbaciones circulatorias o perturbaciones de la visceromotricidad, de las secreciones glandulares,..

Si estas perturbaciones persisten durante cierto tiempo, va a desarrollarse inevitablemente una patología en los tejidos afectados, que se convertirán a su vez en fuentes secundarias de irritación. Se establece entonces un circuito nervioso en el cual cada tejido, por vía refleja, los otros tejidos situados en la misma metámera, siendo la zona medular facilitada una encrucijada por donde pasan todas estas modificaciones.

La persistencia de estos procesos conduce a alteraciones estructurales y funcionales profundas de estos tejidos (cambios tróficos)

Por definición, éste es un estado de contractura, una pérdida reversible de la capacidad de relajación de sus elementos contráctiles. Estos músculos son hiperestésicos y son indiscutiblemente una fuente constante de irritación para la médula.

Lo importante es saber que el elemento somático, sea primario o secundario, es accesible y curable, y que un tratamiento adecuado de este elemento mejora los otros elementos de la patología y, por consiguiente, del cuerpo entero. Estableciendo un mejor equilibrio de los factores neurológicos.

Es decir, nuestro trabajo estará direccionado a interrumpir este círculo/circuito vicioso al eliminar las fuentes suplementarias de este bombardeo.

Aquí es donde volvemos a recordar la frase que lanzábamos al comienzo del post que hacía referencia a que el cuerpo soportará menos cuanto más enfermo esté (J.F.T). Ya que en muchas ocasiones nuestra estimulación, o más bien nuestra sobreestimulación no provocará la interrupción de este círculo/circuito vicioso, si no, todo lo contrario, provocando nuevas fuentes de bombardeo de estímulos al mismo segmento facilitado que queríamos silenciar.

No siempre “más” es mejor, por eso nos referimos a la calidad del gesto, de la manipulación, de la precisión, del orden, del conocimiento anatomo-fisiológico, del arte.

Todos estos mecanismos de los que hablábamos van entrar en conflicto con los mecanismos homeostáticos, cada activación fisiológica de las vías simpáticas va a entrañar comparativamente a aquella de los segmentos normales, una descarga más precoz, más intensa y más prolongada de las vías simpáticas de los segmentos facilitados de los que hablábamos.

Por ejemplo, en las condiciones de stress emocional o de stress debidos al medio, los influjos ocasionados por este stress tenderán a ser canalizados hacia los segmentos facilitados sometiendo todos los tejidos inervados por este segmento a un “bombardeo” de influjos importante.

El desarrollo de una patología va a depender seguramente de los recursos totales del individuo y de las demandas hechas a esos resortes.

 

 

 

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Ahora, cúales serán estas irritaciones y estos factores susceptibles de desencadenar tal proceso de facilitación segmentaria..??

Su naturaleza es muy diversa, pero podemos decir generalmente, que todo órgano o tejido que ha sufrido directamente un stress, un traumatismo o cualquier otra agresión puede dar nacimiento a una corriente aferente de volumen y duración suficiente para facilitar una etapa medular.

Pongámonos en una situación real clínica: paciente que acude a nuestro centro por un simple gesto de antepulsión de hombro en el que nota un dolor importante, además podemos comprobar que existe una limitación funcional importante y las pruebas de radiodiagnóstico nos confirman una lesión tendinosa en su hombro derecho.

Ahora bien, el ser humano debería ser capaz de colocar un plato en una estantería sin sufrir una lesión de hombro. El problema posiblemente resida en el potencial de este paciente, es decir, de todos los factores contribuyentes.

Indagando sabemos que nuestro paciente es una persona sedentaria. Su vida va del trabajo (sedentario) a casa, donde su lugar favorito es el sofá. No hemos mencionado, pero su jefe le somete a un stress y presión laboral importante. Es fumador y sus bebidas preferidas son el café y la coca-cola , su alimentación es pésima y desordenada.

Todo este estrés laboral, además de un problema persona, no le permite dormir bien y su sueño no es reparador.

En mitad de la primera entrevista nos cuenta que ya llevaba notando dolor en ese hombro, sobre todo de predominancia nocturna, pero lo iba trampeando con antiinflamatorios no esteroideos.

En definitiva, podemos decir, que este paciente tenía todas las papeletas para poder lesionarse o que hacia todo lo posible para facilitar uno o diferentes segmentos medulares.

Su vida es un continuo bombardeo de influjos a diferentes segmentos facilitados, y evidentemente el gesto que realizó con su hombro no fue más que la gota que colmó el vaso.

 

 

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Ahora es cuando podemos decir, que no sólo el terapeuta será el responsable de silenciar la metámera para que los segmentos dejen de estar/ser facilitados, sino que residirá en el propio paciente.

Aquí entra en juego nuestra labor e intervención como educadores en la clínica diaria. Saber transmitir que nuestra intervención será clave para interrumpir este círculo vicioso, pero también será responsabilidad del propio paciente, eliminando o disminuyendo todos estos influjos negativos propios del entorno.

Probablemente no será fácil. Pero todo residirá en el “saber”, “querer” y “poder”.