No hace mucho tiempo he escuchado la mejor respuesta hasta el momento a este dilema eterno de abordaje filosófico habitual… “es verdad aquello que tiene futuro”.

Ejemplo, decisiones como invertir en formación que mejore mis competencias o ampliar la instalación dónde desarrollo mi actividad profesional. La duda es coherente y la utopía sería el proyectarse en ambos sentidos, peroooo… la realidad en más de una vez obliga a decidir… tomemos decisiones, si no, las tomarán por nosotros.

¿Cuál de las dos alternativas tiene futuro?, simple, mejorando mis competencias haré mejor mi trabajo, sin embargo, ampliar el centro de trabajo, sus prestaciones… no es indicativo directo de lo primero, posiblemente es una falacia at dominen, es decir, en el ámbito terapéutico habitualmente se presupone que grandes superficies, megaclínicas alcanforadas, suelen ser sinónimos de grandes profesionales y mejores expectativas. Pues bien, unas veces si, otras no.

Otro ejemplo más cotidiano del terapeuta manual que se dedica a trabajar con masoterapia y punción seca puntos gatillos y con osteopatía estructural la movilidad vertebral para esas lumbalgias tan habituales muchas mejoran al 100%, pero otras no, si sigo haciendo lo mismo… ¿no es verdad espejito mío que no tiene futuro?.

Más ejemplos, si como terapeuta de la PNI me dedico a trabajar todas las disbiosis intestinales con algún cambio de dieta esencial y prioritario, suplementando glutamina y probióticos, muchos mejorarán lo indescriptible y otros no. Esas pautas no tienen futuro, no es verdad que sea el tratamiento adecuado para esta otra parte real que no acaban de mejorar de nuestros pacientes.

Finalmente, si como readaptador funcional o entrenador personal prescribo ejercicios para esos hombros maltratados con el siempre presente objetivo de fortalecer y fortalecer hasta puntos inimaginables, muchos se resolverán, otros no, no tiene futuro, no es verdad que equilibrando el balance muscular de rotadores internos y externos de hombro todos se curen porque la cabeza humeral esté centrada en cada ratio del ritmo escápulo- torácico-humeral.

Para aplicar la ética kantiana y poder establecer aquí este imperativo categórico sobre lo que es verdad y lo que no lo es, la primera condición obliga a revisar nuestra moralidad. Debemos reciclar nuestra humildad para bajar al suelo y avanzar, reconocerse a uno mismo que algo no se está haciendo correctamente. Para solucionar cualquier problema lo primero SIEMPRE es hacerse consciente del mismo, a esto unos le llaman metacognición, otros sentido común.

 

La segunda premisa se basa en silenciar las disonancias cognitivas que nos provocan esos ruidos mentales que tanto molestan cuando la evolución de nuestros pacientes no es la deseada por ambas partes. Sólo la búsqueda activa de soluciones fuera de nuestro confort intelectual nos dará las pautas para encontrar el camino y no perderse en soluciones banales que tampoco tienen futuro como aplicar más tiempo de masaje, más pinchazos y más manipulaciones, otros probióticos con más cepas y más series y repeticiones de ejercicios más días a la semana. La primera y habitual reacción ante las dificultades suele ser incrementar la cantidad… “cariño, es que no me tienes que querer más, quiéreme mejor.

 

Finalmente, para completar esta secuencia lógica e inteligente para la superación profesional y personal debemos aplicar sin temor lo aprendido hasta que aparezca una nueva duda sobre la verdad de lo que hacemos, comienza así un nuevo ciclo… ¿qué hasta cuándo repetimos este ciclo?… hasta siempre.

 

En los próximos posts iremos desglosando varias de las autofalacias que nos sabotean a diario en cada una de nuestras intervenciones clínicas. Os mostraremos errores propios que han sido la primera piedra de los posteriores éxitos en nuestros principales ámbitos de intervención clínica: la terapia manual, la readaptación funcional y la Psiconeuroinmunología.

 

La intención es sincera y honesta, creemos que compartiendo estas cagadas todos podemos reaprender de lo propio y formarse con lo ajeno, culminando a lo largo del año una “oda a la humildad del terapeuta” que nos recuerde siempre que tanto…

 

… el FRACASO como el ÉXITO son los MISMOS IMPOSTORES.

 

Estamos seguros de que en algunos conseguiremos el deseado efecto, en otros quizás no… para estos últimos este post no tiene futuro, tampoco será verdad.