«LA TRANSPARENCIA, EL MEJOR VESTIDO PARA EL DESNUDO DEL ALMA»

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«LA TRANSPARENCIA, EL MEJOR VESTIDO PARA EL DESNUDO DEL ALMA»

Un día cualquiera en la consulta de “casi” cualquier terapeuta:

 

TERAPEUTA: (después de la recogida de datos) Cuénteme, ¿cuál es el motivo de su consulta?.

 

PACIENTE: pues mire… tengo problemas para ser sincero… sobre lo que pienso y a veces con lo que hago, mi pareja me dice que no soy “transparente” con ciertas cosas que digo y hago, me está generando ansiedad porque se qué es cierto y quiero solucionarlo.

 

TERAPEUTA: creo que le puedo entender, en nuestros tiempos contemporáneos nos estamos acostumbrando a mostrar nuestras riquezas y menos las pobrezas por medio de medios de comunicación (mensajería móvil, redes sociales…) que en muchos casos disfrazan la verdad de los hechos y en no pocas ocasiones hacen bueno lo de “Dime de que presumes y te diré …”.

 

Creo que más fácil mandar un WhatsApp escribiendo “no puedo ir a la cena” (mensajes sin voz ni emoción) que llamar y decir “realmente no apetece ir porque no soporto a varios de los asistentes”, ¿se entiendo este ejemplo de falta de

 

PACIENTE: lo entiendo, pero, la relación con lo que le quiero consultar…

 

TERAPEUTA: permítame que le interrumpa. Para nosotros es habitual ver como muchos de nuestros pacientes intentan ocultar ciertas carencias de salud debajo de increíbles maquillajes, ropas ultramodernas que hasta disimulan los pecados más ocultos, son astutos en culpabilizar al último movimiento y/o postura de sus dolores e incluso al clima, la comida de ayer, el jefe y con el eterno comodín del estrés…

 

PACIENTE: eso también lo entiendo, pero, lo que me pasa en algunas ocasiones es que no soy capaz de opinar sobre algo de manera sincera por “miedo” a ofender al otro, algunos amigos me dicen que es por empatía hacia el otro, que no quiero ofender. Otros profesionales a los que he acudido y todavía consulto me hablan de que no estamos educados en la inteligencia emocional…

 

TERAPEUTA: en eso estoy de acuerdo, hoy en día da la sensación de que no podemos sentir rabia, pena o frustración, por ello los más “empáticos” optamos por largos silencios llenos de factores de riesgo para engendrar rencor, ira contenida y hasta frustración… ciertamente nos queda mucho por aprender de nuestras emociones y de su “educada” gestión no invasiva con la moral del prójimo.

 

 

Solemos ponernos caparazones para esconder lo que no queremos mostrar, para defendernos de ningún ataque, para parecer siempre felices, nunca enfadados, indestructibles, perfectos e impecables… buscando esa aceptación socio-cultural y televisiva de que el bueno, el deseado siempre está bien… ¡hay que ser bueno!, ¡la gente buena le pasan cosas buenas!…

 

 

PACIENTE: creo y pienso que lo que me ha pasado en mi vida es que esta filosofía mía, que es como yo le llamo, ha sido bien tolerada cuando el coste y beneficio me resultaba rentable y sostenible, pero, mi ideología tardó mucho en derrocarse, este “perfeccionismo” emocional mal entendido por mi parte no lo soporto mucho más y mi propia alma está sufriendo por ello, y eso, yo creo que me genera MI DOLOR, por eso mi consulta contigo prosigue como ha empezado y no quiero disfrazar más mis dolencias de espalda, creo que esto tiene bastante relación, ¿no?.

 

TERAPEUTA: cuando somos capaces de mostrarnos como somos, no pagamos el alto precio de estar siempre preparados para reírnos, para ayudar sin querer, para aceptar el error sin justificarlo en el otro, podemos aprender a disfrutarlo y así conseguir resolverlo de una manera quizás más constructiva.

 

Cuando nos ponemos en el centro de nuestros propios rechazos tenemos una oportunidad para avanzar, estamos más cerca de no repetir los mismos tropiezos, o por lo menos no de un modo tan ingenuo. Cuando consideramos que tenemos derecho a sentirme contrariado con un amigo, podemos solucionar nuestro conflicto interno y las opiniones vertidas en esas arduas discusiones suelen ser más productivas.

 

Los que tenemos la suerte de ser terapeutas dentro del ámbito que se precie podemos ver a diario esa falta de transparencia que tú comentas en nuestras mismas entrevistas, en nuestras valoraciones y no en pocas ocasiones en nuestros propios juicos clínicos y no tan clínicos, en la aplicación de tratamientos… vamos en nuestras malas praxis.

 

 

 

PACIENTE: pues me sorprende gratamente su abrumadora sinceridad…

 

TERAPEUTA: … pienso que la madurez personal y profesional no va tanto con la edad si no con la humildad de reconocer nuestras limitaciones, la experiencia para anticiparnos a ellos y la certeza de saber que podemos ser mejores mostrando lo peor de nuestro ego.

 

PACIENTE: si, la madurez, últimamente escucho, leo y cito esta palabra como si supiera realmente como utilizarla o interpretarla al menos…

 

TERAPEUTA: para mí la madurez profesional, es este caso “madurez terapéutica” se alcanza cuando somos capaces de ofrecer la mayor transparencia posible a nuestros pacientes en lo que vemos, construimos sobre lo que escuchamos, valoramos lo que podemos hacer por vosotros, empatizando desde lo ajeno y no desde nuestra posición. Esto último es más fácil de decir que de hacer.

 

Si extrapolamos esto al trabajo en equipo, tan en boca de todos en sanidad, el famoso “trabajo multidisciplinar” se puede definir de alguna forma en dos maneras: bien juntando una serie de buenos profesionales que traten al paciente por partes, cada uno desde su ventana y en su momento o podemos ser especialistas muy finos en lo más local para luego montar el puzle juntando las partes en el concepto holístico de la salud (“De lo local a lo global”) cuando compartimos entre todos y en la misma mesa, altura y posición las opiniones con la máxima transparencia y reconociendo que el otro también puede tener razón y por tanto, quizás su labor en ese momento es la fundamental para el paciente y no la mía.

 

 

PACIENTE: me agrada escucharle, porque a los sanitarios o terapeutas como se empeña en llamar, por norma os tenemos muy empoderados y en pocas ocasiones escuchamos que os habéis equivocado y que se puede reconsiderar el tratamiento planteado, sin hablar de las formas o educación.

 

TERAPEUTA: aquel que no considera el cambio está condenado a sufrir.

 

PACIENTE: pues eso mismo creo que es lo que me está pasando a mí, y de verdad, no se por dónde empezar para solucionarlo, y sufro por ello claro.

 

TERAPEUTA: no te preocupes por este punto, ya has empezado, estamos teniendo una de las consultas más transparentes y sinceras que he tenido en mi vida profesional, el hecho de reconocer tu dificultad ha provocado que tenga que ser como mínimo tan sincero como me comprometen sus palabras. Recuerda esto, cuando muestras toda tu sinceridad comprometes al oyente a empatizar en el discurso, sólo un psicópata no sería capaz de hacerlo, por lo tanto, tendrías la suerte de reconocer a uno y apartarlo de tu vida, vamos, todo beneficios.

 

Esto es para los empresarios una limpieza de cartera de clientes anual, para los psicólogos se trata de apartar de tu vida a la gente tóxica y para muchos otros opinamos que hay personas que nos acompañan en la vida para permitirnos pasar de un nivel a otro, pero, pero en ocasiones el flujo de amistad se agota simplemente, como cualquier relación de pareja.

 

PACIENTE: ya, esas palabras me suenan de mi psicólogo, pero eso es muy complicado, lo he valorado en su día con algún familiar y amigo, pero, el tiempo, lo amigos comunes y los lazos compartidos me provocan un gran sentimiento de tristeza al pensar que se ha acabado la relación, que…

 

TERAPEUTA: no sientas tristeza porque se ha acabado, siéntete feliz por que ha existido.

 

 

 

 

Por | 2019-02-22T17:58:12+01:00 febrero 22nd, 2019|metamera concept|Sin comentarios

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